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EL STREET FOOD ESPAÑOL: PENAS Y GLORIAS

Antes de nada, deciros que probablemente nos van a llover hostias como hogazas de pan gallego después de escribir esto. Os diríamos que lo único que pretendemos es aportar algo de luz al debate de la regulación de la venta ambulante de comida en nuestras calles, pero os mentiríamos. Vamos, que nos gusta el barro!

El street food en España nació con una gran polémica, sigue aún construyéndose y evolucionando no sin controversias externas, y ahora nosotros auguramos una pérdida de ilusión de sus acérrimos defensores y algunas susceptibilidades entre los propios drivers.

El motivo principal de la original polémica y de la tardía entrada de estos vehículos en las calles españolas es, como ya sabéis, las limitaciones que establecen actualmente las leyes españolas para poder vender comida a pie de calle.

El año pasado un redactor de nuestro equipo leía algo sobre tendencias gastronómicas y al final del articulo, publicado en un conocido blog, decide dejar una pregunta a la reputada periodista gastronómica que firmaba aquel texto.

La pregunta era: “¿Qué pensáis del street food en España como tendencia?”. La periodista respondía: “A nuestra manera, en España siempre hubo (Churrerías, bocadillos, cucuruchos, castañas…) pero la legislación no ayuda. Por eso el street food se hace en algunos restaurantes y no en la calle. Es una tendencia en todo el mundo, desde hace años, por supuesto”. El caso es que en aquel articulo no se hacía ni una sola mención al tema de la comida en la calle como tendencia en nuestro país.

 

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Ha pasado poco más de un año desde aquel comentario y podemos decir que el street food en España es ya una realidad, aunque de momento solo sea posible a través de festivales y eventos populares o urbano-populares, para sortear el rollo de ley actual que regula el tema.

 

SPAIN IS DIFERENT

La falta de apoyo de las instituciones públicas y justamente ese rasgo eventual, que han tenido que adoptar para poder darse a conocer, son determinantes en la definición de lo que es el street food español. De nuevo el ¡!SpainIsDiferent¡! amigos.

Y aquí nos encontramos con uno de los problemas. Esta obligada naturaleza eventual está directamente relacionada con el carácter efímero de muchas de estas propuestas sobre ruedas. Y aunque algunas de ellas nos gustan muchísimo, también es verdad que se alejan un poco de los principios románticos que hay detrás del realstreetfood -o cuándo vender comida en la calle es una forma de vida y no un entretenimiento de fin de semana o un escaparate para dar visibilidad a tu chiringuito de la calle X, en el barrio Y-

 

 

De cualquier modo, esto es lo de menos. A nosotros nos parece que no es malo. Al contrario, si hacen las cosas bien y ricas bienvenidos sean, ¿no? Lo importante es sumar. Pero al parecer no todos piensan lo mismo y esgrimen sus buenas razones, aunque de forma muy tímida todavía. Hay quien piensa que son los listos que se han apuntado al carro del éxito, que han visto que era una manera rentable y muy efectiva de promocionarse ante miles de personas, y que además juegan con ventaja ante el resto porque ya son conocidos por el público. Son las extensiones de otros restaurantes o bares que alquilan un vehículo homologado para tal actividad y reaparecen convertidos en una versión mucho más informal y canalla de lo que son en sus locales con cimientos. En este caso hay poco de aventura, poco de riesgo y mucho de marketing, aunque el grado de foodlovismo –muy apreciado en este gremio puede ser igual o mayor que el de los auténticos.

 

NO TODO VALE

Lo que si nos preocupa de verdad es que en ese afán de conseguir apoyos para enfrentarse a la administración pública -y en muchos casos, al lobby hostelero- den cabida a cualquier propuesta que se presente con cuatro ruedas y una plancha.

 

 

Han querido crecer muy rápido y no todo vale. Sin caer en un elitismo absurdo, creemos necesario guiarse por unos estándares de calidad e higiene que definan estas propuestas. De lo contrario volveremos al “A nuestra manera en España siempre hubo…” que decía aquella. El street food es comida en la calle pero no comida de feria, con todos nuestros respetos para los bocadillos chiclosos de chistorra y panceta, que nos alegran las verbenas de este país a todos y nos salvan de más de un disgusto.

A esta calidad debe sumarse una condición de precio razonable para hacerla accesible. No somos los únicos que nos hemos encontrado con precios desproporcionados por un trozo de carne dentro de un pan brioche. Y aceptamos que puede haber un plus por el factor experiencial, pero tampoco nos olvidemos de que aquí no pagas por un buen plato, una silla cómoda o un buen servicio. ¿Puede venderse al mismo precio la misma hamburguesa en un foodtruck que en su propio restaurante? Es otra pregunta que nos hacemos.

Por todo esto, al final en la percepción del público e incluso en la de sus defensores más lenguaraces empiezan a instalarse algunas ideas negativas.

 

LA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Entendemos iniciativas como MadrEAT (Madrid), Van Van Market (Barcelona) o  Contravan (Valencia) como algo novedoso, muy interesante y, sobre todo muy necesario en estos momentos. Entendemos también que haya que ocupar los espacios alquilados en pro de la rentabilidad y del futuro de la iniciativa, pero ellos tienen mucho que decir aquí mediante la selección que hacen de los food trucks en cada edición. Ellos son el mayor escaparate de lo que es el street food en España y por tanto creadores de su imagen y responsables de su reputación. Además de los organizadores de estos gastro-festivales, los movimientos que han surgido en torno a estos profesionales (Asociaciones, apoyo y participación de chefs reconocidos , start-ups que facilitan su creación) son los que ahora mismo tienen un qué decir y qué hacer al respecto.

La clave está en los avances que se consigan estos años con las administraciones de los nuevos ayuntamientos, ya no para cambiar las leyes, si no al menos para ampliar los espacios excepcionales donde se puedan instalar estos vehículos. Claro que habría que preguntarse si estos cambios pondrían en peligro la celebración de los eventos gastrofestivaleros actuales y si irían en contra de los promotores de los mismos (o no). Definir quienes son los interlocutores y sus intereses es primordial. Nunca lloverá a gusto de todos.

 

Triciclo_streetfood_lookinfood

 

De acuerdo que es un mercado nuevo y que, por tanto, las reglas del juego están por definir, pero a veces las reglas acaban por definirse solas de forma natural y luego ya es tarde para cambiarlas. Es un momento clave para hacer autocrítica, para sentarse y preguntarse de nuevo que quieren ser y para sacar algún partido de ese corporativismo y apoyo popular del que todavía gozan. La autocrítica de la que hablamos es más importante de lo que parece; también lo es escuchar otras voces críticas externas y no caer en picajosos enfrentamientos que poco ayudan. Mientras tanto y hasta que llega el cambio, los protagonistas de estas pataletas infantiles también intentan hacer las cosas bien para mejorar así la calidad y satisfacción del público en cada evento.

Nosotros seguiremos apoyando siempre la buena, bonita y barata comida en la calle, sea dónde sea. ¡Salud y larga vida al Street Food!

Jess Nesepá
Jess Nesepa
jesus.alameda@gmail.com
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